“Mariam nunca había llevado Burka. Rashid tuvo que ayudarla a ponérselo. La parte acolchada de la cabeza le apretaba y era pesada, y le resultaba extraño ver el mundo a través de una rejilla. Probó caminar por la habitación con el burka puesto y tropezó una y otra vez al pisarse el dobladillo. La pérdida de la visión periférica resultaba desconcertante y no le gustaba la sensación opresiva de la tela plisada contra la cara.
-Ya te acostumbrarás- dijo él- Con el tiempo, seguro que acaba gustándote”.
En Mil soles espléndidos , de Khaled Hosseini (acertado regalo de Lula).
No hay caso, cuando un libro te gusta mucho no podés dejar de leerlo. Te trasladás a Kabul y hasta podés llorarte la vida, sin necesidad de adaptación mediante. Sólo bastan unas pocas líneas para que esa realidad tan lejana sea, por un momento, también completamente tuya.













Dijeron…