“Mariam nunca había llevado Burka. Rashid tuvo que ayudarla a ponérselo. La parte acolchada de la cabeza le apretaba y era pesada, y le resultaba extraño ver el mundo a través de una rejilla. Probó caminar por la habitación con el burka puesto y tropezó una y otra vez al pisarse el dobladillo. La pérdida de la visión periférica resultaba desconcertante y no le gustaba la sensación opresiva de la tela plisada contra la cara. 

-Ya te acostumbrarás- dijo él- Con el tiempo, seguro que acaba gustándote”.

En Mil soles espléndidos , de Khaled Hosseini (acertado regalo de Lula).

No hay caso, cuando un libro te gusta mucho no podés dejar de leerlo. Te trasladás a Kabul y hasta podés llorarte la vida, sin necesidad de adaptación mediante. Sólo bastan unas pocas líneas para que esa realidad tan lejana sea, por un momento, también completamente tuya.  

En Machu Pichu

 

by Flavia Carbonetti (una de las últimas que pudo ver el lugar en toda su dimensión).

De vampiros…

 

Por Liniers.

Es verdad lo que dicen: la música de Carla Bruni te envuelve, y uno se deja llevar. Descubrí hoy, en mi jornada laboral (gracias a Vane y su lista de itunes), muchas canciones de ella. Entre estas estaba ”Tout le monde”, un tema con una letra muy linda, que está incluido en el disco  Quelqu’un M’a Dit.

Dice así:

Todo el mundo es una rareza
y todo el mundo tiene el alma enmarañada.
Todo el mundo tiene a su infancia ronroneando
al fondo de un bolsillo olvidado.
Todo el mundo tiene restos de sueños
y rincones de la vida devastados.
Todo el mundo buscó algo un día
pero todo el mundo no lo encontró.
Haría falta que todo el mundo reclamara ante las autoridades
una ley contra toda nuestra soledad,
que persona alguna fuera olvidada,
y que persona alguna fuera olvidada.
Todo el mundo tiene una mala vida que pasa
pero todo el mundo no se acuerda de eso.
Veo que la doblegan y también que la rompen,
y veo también que no la ven.
Haría falta que todo el mundo reclamara ante las autoridades
una ley contra toda nuestra soledad,
que persona alguna fuera olvidada.
Todo el mundo es una rareza
y todo el mundo tiene el alma enmarañada.
Todo el mundo tiene a su infancia resonando
al fondo de un bolsillo olvidado.

Post dedicado a Ani, quien pronto cumplirá su sueño de conocer Francia.

Hay temas que quedan vinculados a momentos o a personas que pasan por nuestra vida. Es difíicil después cortar esos lazos. Es como si la canción perdiera su pureza. No me gustan esas sensaciones. Por eso no me rindo y sigo esuchándolas, mientras intento llevarlas a otro bando: al de las callejeras, esas que cargo en el mp4  y que pueden servir para los viajes en colectivo o para las largas caminatas, cualquier día de la semana. Son, podría decirse, “multifuncionales”: no cansan y siempre aparecen nuevas versiones. Como esta, en vivo, de The Smiths.

La cifra es la versión trascendente del número. Un número se dice rápido, se lo usa para contar y eso es todo. Una cifra no cuenta sino narra. Un número crece a cifra cuando pasa a significar algo. Así, las cifras vendrían a ser números clásicos. Esas cifras que enumeran catástrofes o en las que, sí, ciframos nuestras esperanzas. Las cifras que, a veces, se escriben con letras o son acompañadas por palabras. Por ejemplo: día 13, 2001: Odisea del espacio, 9/11, la cantidad de hoyos que se necesitan para llenar el Albert Hall, 6 millones de judíos, 25 millones de argentinos jugaremos el Mundial, 30 mil desaparecidos, 007: Licencia para matar, y el número de teléfono del nombre de la persona a la que se ama y a la que se llama y a la que se corta cuando atiende…

Fragmento de la columna C1FRA5 de Rodrigo Fresán.

…nunca son demasiado espectaculares. Nunca es una sola. Cuando una razón queda solita manteniendo a una persona, entonces seguro que la vida y la muerte se le atoran en la boca y la locura es un tocado en la cabeza. Para sostener todos los días, necesitamos ir recogiendo razones fundamentales como caracoles en la arena, algunos maravillosos, otros vistos millones de veces. Nada que nos deje marearnos”.

Marta Dillon en Convivir con virus.

Quizás mis nuevos horarios y ocupaciones alteren la constancia del blog, pero no perderá sus mañas. Dicen que las cosas de grandes no son para los chicos. Definitivamente las de chicos también son para los grandes (sea como fuere que se defina cada categoría). Esta imagen es una prueba de ello.  Gracias a Sergio por prestármela.

 

by Sergio Zimerman

Una entrevista imperdible a Eduardo Galeano sobre “el asunto de vivir”. Todo lo que se podría agregar estaría de más. Los primeros cinco minutos son de publicidad. Es larga, pero lo vale.

Recibo mensajes de un desconocido. El primero fue un viernes, hace unas semanas. Pregunté quién era, porque no tenía su número en mi agenda. Le dije que no se trataba de la persona que buscaba, ignoré los sms subsiguientes y ahí quedó. Ahora volvió a la carga y voy hilando los hilos de la historia, mientras supongo hipótesis. Ya sé que ella se llama Susana y él es Martín. Imagino que se conocieron en un boliche y la chica, para sacárselo de encima, le dio cualquier número. Resultó ser que ese era el mío y ahora el muchacho me escribe ilusionado pero sólo recibe un “¿Quién es?” y “Está equivocado” como respuesta. También podría ser que él, por el ruido y la ansiedad, haya anotado cualquier cosa. Ella cree que se arrepintió o que la chamuyo, sin intuir que él está escribiéndole a otra. Pienso también en la comunicación virtual, que un error puede ser fatal y derivar en el desencuentro de dos personas. Otro tema: él no llama, sólo manda mensajes. Si llamara descartaría la evasión y podría empezar a transitar un camino más acertado.