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Las cosas no son, sino que devienen en las interacciones. Las propiedades no están en las cosas, sino entre las cosas, en el intercambio. (…) Lo que conmunmente nombramos como “la realidad” (preferimos denominarlo lo real) no es sino el conjunto de hechos, más las percepciones que de ellos tienen los sujetos, más su interpretación y valoración“.

Dice W. Uranga en Mirar desde la comunicación.
Importante tenerlo en cuenta.


“Gazebo” by Sol Sztejn (contacto: reina-sol@hotmail.com).
Un segundo cuadro de mi hermana, a pedido y luego de los elogios.

(Marie: gracias por la frase, que me atreví a tomar prestada)

Para los que, al igual que yo, se descubren perdidos al tratar de entender la situación política-económica-social que se vive en el país e intentan leer entrelíneas lo que ven, lo que escuchan, lo que perciben, vale lo que escribió hoy Martín Caparrós en el diario Crítica. Un fragmento (y un destacado mío en negrita) de la nota “Se fueron todos y la política siguió ausente”:

Vivimos con la idea de que la política no sirve para nada –aunque en cada elección cuatro de cada cinco argentinos van y votan– pero no es verdad: la política se inventó como forma de mediar en los conflictos. Para eso, también, se inventaron los estados, sus gobiernos: para que, si un grupo quiere algo, no vaya y le parta la cabeza al que no se lo da, sino que tenga que proponerlo, discutirlo, aceptar mediaciones.

Se supone que, en los regímenes democráticos, los industriales no les pegan a los obreros cuando quieren pagarles menos todavía: consiguen que sus representantes políticos impulsen una ley que limite los aumentos y que sus cámaras sectoriales discutan el tema con los sindicatos. Se supone que los antiabortistas no andan por ahí matando médicos sino que votan al que les dice que el aborto es caca. Se supone que los que queremos vivir en un país no nos vamos a otro: buscamos partidos y proyectos que traten de convertir a la Argentina en uno.

Una aguja.
Sólo una aguja en un cajón. Que pronto será una aguja sobre la piel.
Entre el adentro y el afuera, entre el cuerpo y el aire que circula.

Allí se quedará por un monento.

Una aguja que pincha, transmisora del medicamento, y da lo necesario, sólo lo necesario para 12 horas más.

Entre el adentro y el afuera: una aguja.
Y una mano que la hace pinchar.
Un cuerpo pinchado por 12 horas más.
Y ese cuerpo resistirá, porque esa mente resistirá, y así seguirá.
Vermont, Estados Unidos
by Susy Triguboff
Quizás adentro esté lleno de gente, ¿no?

La pregunta y su respuesta no están tomadas de la revista Cosmo, sino de la película El descanso. ¿Pochoclera? Quizás. Sin embargo, el análisis que propone se acerca bastante a la realidad. Aunque nadie es tan bueno ni tan malo y las relaciones se construyen de a dos, en un momento de incertidumbre hay palabras que son necesarias:

“Porque cuando hace algo que te dice que no es buena lo ignoras. Y cada vez que regresa y te sorprende, te conquista; y pierdes la discusión interna sobre si te conviene o no.
Sé lo que es sentirse totalmente insignificante y cómo te puede doler en lugares que ni sabías que tenías. Y que no importa cuántos peinados nuevos te hagas, ni a cuántos gimnasios vayas, ni cuántos vinos te tomes con tus amigas: sigues yéndote a la cama cada noche repasando cada detalle y preguntándote qué hiciste mal.
¿Y cómo, por ese breve instante, pudiste creer que eras feliz? Y hasta, a veces, puedes convencerte de que él verá la luz y se presentará a tu puerta.
Y después de todo eso, por mucho tiempo que pase, irás a un lugar nuevo, y conocerás gente que te hará sentir importante, y los pequeños trozos de tu alma volverán a su sitio. Y toda esa confusión, poco a poco, empezará a desaparecer”.

by Euge Bosch*
“Buenos amigos”

“Vientito del sur”

* Una amiga que, aparte de sacar fotos tan lindas como estas, participa en un proyecto social con escuelas rurales. ABC es un grupo que trabaja a pulmón pero intensamente, porque sus integrantes, sencillamente, creen en lo que hacen. Vale la pena conocerlos. Más información y contactos en la página www.abcgrupo.com.ar.

Me gustan estas frases del libro Seda de Alessandro Baricco:

“Mil veces buscó los ojos de ella, y mil veces ella encontró los suyos”

“Tal vez la vida, a veces, te cambia de una forma que no hay nada más que decir”

Me gustan las palabras sinceras, los gestos cálidos y las actitudes comprometidas, porque me permiten construir lazos reales, basados en la confianza.

Cumplir años en enero genera una sensación de desamparo ante la posibilidad de que muchos no recuerden en qué día viven durante la época de vacaciones. Pero, a su vez, tiene ese sabor de poder identificar un año con un punto específico del mapa.

Un momento, una ciudad, una imagen: Amsterdam, 24 de enero de 2005. 12:03 a.m. Hostel “The flying pig”. El chico bonito de la barra y el comentario en cuestión: ya es mi cumpleaños. “Happy birthday, dear”, saluda él. En pleno viaje, tan lejos de casa y tan en casa en ese lugar único.

De Mario Benedetti en La vida, ese paréntesis
(un fragmento)

No me gustan las máscaras exóticas
ni siquiera me gustan las más caras
ni las máscaras sueltas ni las desprevenidas
ni las amordazadas ni las escandalosas

me gusta la indefensa gente que da la cara
y le ofrece al contiguo su mueca más sincera
y llora con su pobre cansancio imaginaro
y mira con sus ojos de coraje o de miedo

me gustan los que sueñan sin caretas
y no tienen pudor de sus tiernas arrugas
y si en la noche miran/miran con todo el cuerpo
y cuando besan/besan con sus labios de siempre