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De El libro de lo abrazos de Eduardo Galeano:
Celebración de las contradicciones
“DESATAR las voces, desensoñar los sueños: escribo queriendo revelar lo real maravilloso, y descubro lo real maravilloso en el exacto centro de lo real horroroso de América.
En estas tierras la cabeza del dios Eleggua lleva la muerte en la nuca y la vida en la cara. Cada promeza es una amenza ; cada pérdida un encuentro. De los miedos nacen los corajes; y de las dudas, las certezas. Los sueños anuncian otra realidad posible y los delirios otra razón.
Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos. La identidad no es una pieza de museo, quietecita en la vitrina, sino la siempre asombrosa síntesis de las contradicciones nuestras de cada día.
En esa fe, fugitiva, creo. Me resulta la única fe digna de confianza, por lo mucho que se parece al bicho humano, jodido pero sagrado , y a la loca aventura de vivir en el mundo”.
“UNO La muerte hace envejecer súbitamente a los seres queridos del muerto e infantiliza a todos aquellos que pasaban por ahí y se detienen a ver y a comentar lo sucedido. Este efecto se hace todavía más evidente cuando tiene lugar y hora un accidente que nadie espera y, de pronto, todo se estremece produciendo la paradójica sensación de que el tiempo se ha detenido. (…)
TRES Y, claro, otra vez, el mismo debate de siempre, la gran duda de dónde están los límites a la hora de informar. ¿Cuál es el punto exacto y de no retorno en el que la obligación se convierte en perversión? Nadie lo sabe o –mejor aún– nadie quiere saberlo”.
Así comienza una columna más que recomendable que publicó hoy Fresán en Página12. Además de estar excelentemente bien escrita, vuelve sobre los hechos y los consecuencias; analiza, cuestiona y reflexiona.
ComunicarNOS duele
Y también nos acerca.
Y no hablo de la comunidad Movistar.
minor so Major
Me gustan las sonrisas casuales entre dos desconocidos.
Se me hacen humanas, no sé…
Pie de página
No.
No estoy intentando leer tu mente.
Estoy queriendo leer tu alma.
Gracias Maxi
“Ella, Selene, no supo que se había enamorado, porque no tenía tiempo para amores. Iba apurada cuando lo vio por primera vez y, para peor, esa primera vez fue en un lugar tan poco adecuado (…). Sólo supo que al verlo había pensado me gustaría que ese hombre me abrazara“.
Del libro Tres colores de Angélica Gorodischer
Puerta violentada, violada, rota, invadida. Las cosas revueltas, desparramadas, tiradas, mezcladas. Una casa, hogar, vivienda, espacio privado. De seguro a inseguro: un minuto, otro estado. ¿Y ahora qué? Dentro de lo peor, lo mejor posible. Acompañarse, contenerse, procesar. El dolor, la angustia, el miedo. Horas, llamados, lágrimas, acciones, llantos, miradas, abrazos, palabras. Nombrar los dolores para exorcizarlos, Y la cicatriz, que se alivia y se marca, que se alivia y se marca, que se alivia y se marca.
Aprender de cada paso y esperar que, por fin, llegue la primavera.
Sonreir y volver a sonreir.
Hacer foco: mi mundo, tan mío, aunque compartido, con los tuyos, los míos. También con ellos, los que van y vienen, los miedos. Hacer foco y ver, y verme. Echar raíces. Dejar fluir y ser fuerte. “Ya era hora de que entraras en tu mundo”, comenta mi abuela, y tiene razón.
Y si no hay nada para decir, no decir nada. Y disfrutar del silencio.
by DOEZ








Dijeron…