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Creo que soy un gran creador de dispositivos grupales. Yo invento cosas; por qué, no sé. Pero es buenísimo no tener los mecanismos de la vida de uno tan claros, porque sino uno se vuelve un robot psicoanalítico, ese es el otro peligro“, me dijo Tato Pavlovsky en una entrevista que le hice pocos días atrás. Me pareció un modo más que válido de ver la vida, de verse uno, de actuar y de desear. Un mensaje y una enseñanza a tener en cuenta, por parte de alguien que supo inventarse.

 

Nexi, un robot humanoide emocional.

“A veces pienso que las personas que más pena me dan son aquellas incapaces de relacionarse con lo que es profundo (…). En otras ocasiones pienso que las personas que más pena me dan son aquellas que en algún momento supieron qué es lo profundo, pero que perdieron la capacidad de maravillarse o se volvieron insensibles; individuos que cerraron las puertas que nos conducen al mundo secreto, o a quienes las puertas se les han cerrado por culpa del tiempo, de los descuidos y de unas decisiones tomadas en momentos de debilidad”.

Douglas Coupland, La vida después de Dios.

¿Cómo saber cuándo uno está en esos momentos en los que puede tomar decisiones equivocadas?

Cómo saberlo….

Ser autónomo, ser responsable, ser jefe, ser profesional, ser marido, ser esposa, ser padre, ser madre, ser adulto. O, visto desde otro lado: ser dependiente, ser desempleado, ser estudiante, ser soltero, ser hijo, ser adolescente. Se supone que en la vida uno va superando etapas y, por eso, a medida que crecemos, las obligaciones cada vez son más e implican mayores responsabilidades. Pero tener un título, un trabajo y casa propia no es tarea fácil en el mundo en el que vivimos. Y, de todos modos, ¿conseguir todo eso significaría ser adulto? ¿Hay un momento en el que debería comenzar la vida adulta? ¿Por qué entre profesionales de la salud es común hacer referencia a una “adolescencia extendida” entre los jóvenes? (seguir leyendo)