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Encontré este poema de Fernando Pessoa hace un tiempo en el blog Entre charlas y cafés. Cada tanto me gustaba releerlo, entonces volvía al sitio. Hasta que decidí tenerlo yo también. Lo copié y lo guardé. Y ahora lo comparto, para que se multipliquen las lecturas, los sentidos, los sentires. Adelanto que es hermosísimo y dice así:
Si yo pudiera morder la tierra toda
y sentirle el sabor sería más feliz por un momento.
Pero no siempre quiero ser feliz.
Es necesario ser de vez en cuando infeliz para poder ser natural.
No todo es días de sol
y la lluvia cuando falta mucho, se pide.
Por eso tomo la infelicidad con la felicidad.
Naturalmente como quien no se extraña
con que existan montañas y planicies, y que haya rocas y hierbas…
Lo que es necesario es ser natural y calmado en la felicidad o en la
infelicidad.
Sentir como quien mira. Pensar como quien anda.
Y cuando se ha de morir,
recordar que el día muere y que el poniente
es bello y es bella la noche que queda.
Así es y así sea.
“El mundo somete toda empresa a una alternativa: la del éxito o el fracaso, la de la victoria o la derrota. Protesto desde otra lógica: soy, a la vez y contradictoriamente, feliz e infeliz: “triunfar” o “fracasar” no tienen para mi más que sentidos contingentes, pasajeros; lo que me anima, sorda y obstinadamente, no es táctico: acepto y afirmo, desde fuera de lo verdadero y de lo falso, desde fuera de lo exitoso y de lo fracasado; estoy exento de toda finalidad, vivo de acuerdo con el azar (…). Enfrentado a la aventura (lo que me ocurre), no salgo de ella ni vencedor ni vencido: soy trágico. (Se me dice: este tipo de amor no es viable. Pero ¿cómo evaluar la viabilidad? ¿Por qué lo que es viable es un Bien? ¿Por qué durar es mejor que arder?).
Fragmentos de un discurso amoroso, Roland Barthes
La Sagrada Familia en Barcelona








Dijeron…