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amistad

Amistad by Sol Sztejn

“Y me pregunto todo el tiempo:
¿Está mal querer el milagro? ¿Me equivoco al pretender que ese otro a mi lado me elija por sobre las otras millones de mujeres del mundo? ¿Está mal reclamar por prioridad?
Quiero que él muera por estar conmigo.
Que cuente los segundos.
Que me mire y que me admire.
Que se muerda el labio al verme llegar.
Que me desnude con la mirada.
Y cuando eso no pasa, prefiero estar sola.
Hoy reconozco una vez más el fracaso en el final de otra historia.
Podría haberla estirado. Podría haberme conformado.
Pero, por alguna razón, no me alcanza.
Quiero amor, amor en serio.
No cotillón.
Quiero fireworks”.

Del blog Le pasó a una amiga

fireworks

“Es lo más lindo: que te seduzcan, seducir, que te enamoren, enamorarte. Y luchar por eso. Y si sale mal, pasar el mal rato y empezar con otra historia, que nunca será igual que la anterior”.

Por Wan.

Para el diván del analista

“Yo no lo quiero, Amada.
Para que nada nos amarre
que no nos una nada.

Ni la palabra que aromó tu boca,
ni lo que no dijeron las palabras.
Ni la fiesta de amor que no tuvimos,
ni tus sollozos junto a la ventana”.

Fragmento de Farewell, Pablo Neruda.


que no te haga regresar. Cada grano de memoria, y la casa es un arenal. Fuí a tus playas por el día y allí me quedé dos años. Fuí lamiendo tus heridas, fuiste dándome un remanso. A la sombra de tu luna se acunó mi corazón, se borraron mis arrugas, mi casa se iluminó. Germinaron mis canciónes, de las que yo merecía. Se paró el reloj de arena,  730 días.

“Lo judío que hay en mi lo tengo como algo natural pero no institucionalizado, y eso te hace más universal”, Sergio Langer en entrevista a publicarse.

hagamoselamor

by Langer

“El deseo dice: «No querría tener que entrar yo mismo en este orden azaroso del discurso; no querría tener relación con cuanto hay en él de tajante y decisivo; querría que me rodeara como una transparencia apacible, profunda, indefinidamente abierta, en la que otros  responderían a mi espera, y de la que brotarían las verdades, una a una; yo no tendría más que dejarme arrastrar, en él y por él, como algo abandonado, flotante y dichoso». Y la institución responde: «No hay por qué tener miedo de empezar; todos estamos aquí para mostrarte que el discurso está en el orden de las leyes (…)”. 

Michel Foucault en El orden del discurso

palabras

Es un post egoísta.  Publico el poema porque me parece hermoso y porque el libro “Canto al amor” -editado en 1968, que pasó de mi madre a mis manos- está en sus últimos días, con sus hojas sueltas y ya amarillentas. No quiero perderlo.

Hemos creado un laberinto

No tengo Dios ni leyes.
He caído en el laberinto
de tu pelo
como un ser que acecha
desde lo hondo
del tiempo.

No hay felicidad
como la de perderse.

Estoy despierto,
con los ojos alertas
para llenar la vida
con tu cuerpo.

En un laberinto
se levanta
la nube de amor,
el deseo, el tiempo,
la caricia,
la lenta disgregación
de las horas.

No invento, no;
más profunda es una honda
que cruza los mares
hasta mis oídos.

El viento tiene color.
quien lo duda.

He sido tantas veces,
tantos hombres;
He vivido mi vida
en tantos sueños
que ahora
quisiera ser
yo mismo,
para vivirte
en el laberinto que creamos.

El pelo cae hacia
no sé qué realidad
de amor.
He sido yo mismo;
me he perdido
en un deseo
que se agolpa
como el mar
en los ojos del náufrago.   

Pero mis manos
dibujan
otra vez el laberinto
de tu pelo,
y más allá de nosotros
crece la marea.
Nos hemos atado al amor
y nos hemos perdido
amando.

Que nos destruya Dios
con las leyes de los hombres. 

Nicolás Cocaro  

Sobre la desnudez y los prejuicios

Vestirse se convirtió en una costumbre pero también en una práctica de consumo. Hombre y mujer se habituaron a elegir su vestuario, de acuerdo a modas y parámetros correspondientes a las distintas culturas. Lo cierto es que ir completamente desnudo es visto como una acción erótica vinculada con lo sexual. Y, sin embargo, los nudistas conciben esta idea como un mero prejuicio (seguir leyendo). 

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Ilustración x Guadalupe Giani

Hay independencia, hay espacios comunes, y hay también que dividir las cosas de uno y de otro frente a una separación o a un distanciamiento. El cepillo de dientes se mira de reojo y con disgusto, la ropa ocupa un lugar preciado en el placard, el libro se pasea y no se abre.
En las casas de amigos las bolsas se ubican en espacios donde no se ven, pero siguen estando. Los objetos marcan la falta, el vacío, la necesidad del cambio: que el valor que tienen se transforme sólo en su mera presencia y utilidad.
Entonces, aparece necesariamente la pregunta: ¿cómo? Mandarlo en taxi, que lo pase a buscar, encontrarse en un lugar neutral. Pero a veces no es más que una simple excusa, la fantasía que provoca el encuentro, el miedo de peder al libro (al tipo) y no poder ganar en ilusiones que puedan anclar y crecer en tierra firme.   

cepillo

Fuente flickr