Estoy a días de tomarme dos aviones y viajar 17 horas con destino a Israel. Pienso en que siempre me gusto volar en avión, que el trayecto marca el inicio del viaje y las ganas que tengo de irme. Y un avión acaba de desaparecer en el Océano Atlántico. Se plantean hipótesis: que si hubo una falla eléctrica, que pudo tratarse hasta de una bomba. En un noticiero pasan un video: el cielo, un avión volando y un rayo que lo atraviesa. La idea es desestimar la teoría del rayo pero la imagen es un poco siniestra. Página 12 titula en su tapa: “Lost”. Recuerdo un chiste entre amigas (“si caigo en la isla de Lost que me reciba Sawyer”). Quiero estadísticas, necesito confiar en ellas. Quizás llegó el momento de dejar de informarme, tanto. Quizás me quedo viviendo en un kibbutz y me olvido del dengue, de la gripe porcina y de las teorías sobre el avión estrellado. Y no vuelvo para las elecciones. Y ni vuelvo. Qué más da.

tapagn