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Es que no puedo dejar de esucharla: El círculo por Kevin Johansen.
“Acuéstate y duérmete para despertar sonriente y feliz. Despiértate, levántate para cansarte y volver a dormir. El círculo da la vuelta y al terminar, la vuelve a dar. Discúlpame, perdóname para que puedas ofenderte otra vez. Enójate, castígame para que puedas quererme después. El círculo da la vuelta y al terminar, la vuelve a dar. Yo te olvidé, no me olvido más. Entrégate y ríndete para que puedas escaparte después. Libérate y suéltate para que puedas quereme otra vez. El círculo da la vuelta y al terminar la vuelve a dar. Te dí todo. Y ya no doy mas. Hoy te quiero, mañana también, pasado no, el año que viene. Creo que siempre te querré”.
Si ese personaje existiera intentaría que me invitara a conocer su casa, le pediría que tocara algo lindo en su flauta -como para entrar en relajación- y después me gustaría tirarme a leer abajo del árbol. Un lindo delirio.

“La casa de Orgalim” by Sol Sztejn.
Es sábado y Mr Postman es una gran canción. Dos razones más que suficientes para subir este video imperdible. Desde los pasitos y el director de orquesta hasta el espectador enfervorizado que se sube al escenario. Dan ganas de estar en los años 60, hacerse un batido en el pelo y ponerse a bailar y a cantar con The Marvelettes.
Una familia disfuncional, que le dicen. Una nena que quiere participar en un concurso. Un viaje con muchos traspiés. Una escena de Little Miss Sunshine que te levanta el ánimo, te saca una carcajada o te roba una sonrisa.
“Mi hija ya no está y tengo la sensación de que un animal salvaje ha devorado un enorme trozo de mi carne, de que he perdido una parte de mi. Es como estar en una habitación en la que se apagan las luces antes de que uno esté listo para la oscuridad.
Las familias son necesarias. Nos cargan de recuerdos, de cosas que nos moldean. Activan en uno respuestas poderosas, nos llenan de lealtad y orgullo. Y cuando se pierde a uno de ellos -sobre todo a una hija- una se enferma de un tumor emocional del cual nunca se podrá librar.
Ojalá fuera posible embotellar la felicidad y colocarla en un estante en previsión de los malos tiempos”.
Por Sofía Kaplinsky Guterman, quien perdió a su hija Andrea en el atentado de la AMIA. En su libro Detrás del vidrio da testimonio del Juicio Oral y Público, que comenzó en 2000 y duró casi tres años. Declarado de interés por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires.

Campaña por los 15 años del atentado.
“El tiempo lo conserva todo, pero todo se vuelve descolorido, como en las fotografías antiguas, fijadas en placas metálicas. La luz y el paso del tiempo desgastan los detalles precisos que caracterizan los rostros fotografiados. Hay que mirar la imagen desde distintos ángulos y bucar la luz apropiada para reconocer el rostro de la persona cuyos rasgos han quedado fijados en el espejo ciego de la placa. De la misma manera se desvanecen en el tiempo los recuerdos humanos. Luego, en algún momento inesperado, nos llega un rayo de luz y entonces volvemos a ver el mismo rostro olvidado”.
En El último encuentro de Sándor Márai.
Dormir con la luz encendida primero. Miedo a los ruidos. Mirar con desconfianza a los extraños en la puerta. Temor al otro. Y la sensación de que hay alguien en algún lugar, vigilando, escuchando, esperando el momento para entrar en tu vida, para darla vuelta, para violar tu intimidad.
Saber, entonces, que no hay un lugar seguro, más que tu propia seguridad.
365 días. Reconstruir, rearmarse. Disfrutar de los cielos. Desde mi ventana, desde ese sueño hecho realidad: la casa propia. Ver cómo las nubes se deslizan a su ritmo, en su forma y a su tiempo, a colores se despliegan como un atlas.

Ganas de decir, aunque no de producir. Buenas son las citas. Una linda canción para amenizar la mañana (se corta al final, pero es la mejor versión que encontré en vivo). Loli Molina canta Si.
(Recomiendo también la versión de Karma Chameleon, abajo entre las opciones).
Algo en toda esa historia maravillosa le parecía ajeno.
Él la abrazaba con fuerza y ella no podía moverse.
-”Te necesito”, balbuceó él ya dormido y Lara comprendió.
Después del desayuno recorrió una vez más el maravilloso lugar como despidiéndose de lo que podría ser.
Le dio un beso y se fue.
Esa noche, sentada en el piso de su departamento con una copa de vino en la mano, miró por la ventana la luna inmensa que iluminaba las sombras…
Se sintió feliz por primera vez en mucho tiempo.
Recordó a Matías y sonrió con ternura.
La suma de dos soledades no es compañía.
No sintió vacío ni tristeza, sólo un gran placer de estar con ella.
Levantó su copa, brindó por lo perdido y dio la bienvenida a todo lo que tenía por ganar.
En Lucky Sofi

by me Atardeceres






Dijeron…