“Todavía nos encontrábamos en esa fase autista y generosa de los duelos en la que cada uno procura evitar a los demás la sobrecarga de su dolor, y espera que le ahorren la proporcional cuota del dolor ajeno. (…) en virtud de un pacto tácito, riguroso, esquivábamos la memoria reciente y fragmentada de nuestros años adultos para instalarnos en los recuerdos comunes de una infancia compartida, más dulce y fácil de digerir para todos”.

En la novela El corazón helado de Almudena Grandes.

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