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Poner límites también es cuidarse.

Hay que bancarse el proceso.

Dos consejos que me dieron en este último tiempo.
Simples, certeros y adecuados.
Quizás parezcan contradictorios, pero no lo son.
Caen como anillo al dedo.

Imagen de Flickr

Murakami te atrapa y no te deja ir. Sin darte cuenta, te quedás leyendo hasta las cuatro de la mañana por puro placer. No querés terminarlo pero sabés que a lo último te va a sacar una sonrisa, porque ya está adentro tuyo, forma parte de vos.
No es necesario que le pregunten a Watanabe si su intención es hablar como el personaje de El cazador oculto para que Salinger sea una referencia ineludible (“Sin duda un médico, les explicaba a un joven con gafas de aspecto neurótico y a una señora de mediana edad con cara de ardilla el efecto de la ingravidez por la secreción de los jugos gástricos”); ni que Tropa de Asalto sea su compañero de cuarto (“A veces tartamudeaba y a veces no, pero cuando se trataba de la palabra ‘mapa’ tartamudeaba el cien por cien de las veces”); ni el ir y venir de sus miedos, indecisiones y deseos (“Siempre he tenido cuidado de no herir a nadie. No tengo la menor idea de cómo he caído en este laberinto”); o su sensibilidad (“Hay personas  a quienes quiero comprender y que quiero que me comprendan. Hasta cierto punto, pienso que es inevitable que el resto de la gente no lo haga”).   
Me gustó eso de que “las mujeres de este libro son hermosas por hipersensibles, inadaptadas y freaks”. Lo comparto. Diría que son, todos ellos, personajes oscuros, pero con luz (“Las cosas fluyen hacia donde tienen que fluir, y por más que te esfuerces e intentes hacer lo mejor posible, cuando llega el momento de herir a alguien lo hieres. La vida es así” o “Estábamos vivos y teníamos que preocuparnos por seguir viviendo”). Me atraen esas personas.

Cuando uno termina un libro como este, siempre aparece la misma pregunta: ¿Cuál será mi próximo Tokio Blues? ¿Lo encontraré?

Gracias a la Flia. Santkovsky por el préstamo (no hubiese sido igual la lectura sin el “y se amaron para siempre” escrito al final en lápiz) 

tokio blues

Hay tres aspectos que salen a la luz después de conversar un rato con ella: Sofía Kaplinsky Guterman es una mujer con carácter, con fuerza y con ideales. Fue, seguramente, esa personalidad la que la ayudó a seguir adelante después de perder a su única hija e incluso convertirse en un referente para los familiares de las víctimas de AMIA.
Desde hace años dicta charlas abiertas y gratuitas para mantener vivo el recuerdo y reflexionar sobre la tragedia. También sigue de cerca la causa judicial como querellante independiente. Aún cuando las anécdotas reviven los sentimientos y aflora el desconsuelo, aunque al recordar a Andrea sus ojos se llenen de lágrimas; sus cinco libros editados y ese andar sin pausa demuestran que no se dejó abatir por el dolor (continúa la entrevista).

Viajar es trasladarse. Y es tanto más que eso cuando uno se deja llevar por el lugar a conocer y su gente. Hace ya meses que volví de la ”Tierra Prometida” pero aún viven en mi las imágenes y los recuerdos. Quisiera que se mantuvieran tan frescos siempre. Sin embargo, sé que, poco a poco, voy a ir olvidando detalles, omitiendo escenarios, perdiendo los nombres de algunos compañeros. Vi muchas fotos de esa aventura grupal, pero ninguna como las de este álbum: la mirada del viajante y fotógrafo, sin poses. Este año nuevo del calendario hebreo me permite proponerme, entre tantas otras cosas, tomar algún día instantáneas como las de él.   

 saludando al peluquero

“Saludando al peluquero” by Gabi Sabán

Si fuese tan fácil como seguir un manual de instrucciones o de autoayuda… 

Gracias Danu por el video.  

Una familia disfuncional, que le dicen. Una nena que quiere participar en un concurso. Un viaje con muchos traspiés. Una escena de Little Miss Sunshine que te levanta el ánimo, te saca una carcajada o te roba una sonrisa.

Algo en toda esa historia maravillosa le parecía ajeno.
Él la abrazaba con fuerza y ella no podía moverse.
-”Te necesito”, balbuceó él ya dormido y Lara comprendió.
Después del desayuno recorrió una vez más el maravilloso lugar como despidiéndose de lo que podría ser.
Le dio un beso y se fue.
Esa noche, sentada en el piso de su departamento con una copa de vino en la mano, miró por la ventana la luna inmensa que iluminaba las sombras…
Se sintió feliz por primera vez en mucho tiempo.
Recordó a Matías y sonrió con ternura.
La suma de dos soledades no es compañía.
No sintió vacío ni tristeza, sólo un gran placer de estar con ella.
Levantó su copa, brindó por lo perdido y dio la bienvenida a todo lo que tenía por ganar.

En Lucky Sofi 

Copia de DSC01537

by me Atardeceres

Conozco a algunos artistas y ciertas obras. No soy una experta en arte, pero me gusta recorrer exposiciones y algunos trabajos me conmueven. Ayer, camino a cubrir una clínica, me acordé de este cuadro, que vi nueve años atrás en el MOMA. No sé por qué volvió a mi memoria. Será por el frío, el gris, la fidelidad del animal que se deja guiar sin riendas. 

boy leading a horse

“Boy leading a horse”, x Pablo Picasso.

Fui a ver la Muestra Anual de Fotoperiodismo en el Palais de Glace y me sorprendí con la exposición de Marcos Zimmermann. La de la Asociación de Reporteros Gráficos de Argentina está muy bien, pero ya sabía a qué iba. Quizás la otra me gustó por lo inesperado. Al principio pensé que los desnudos eran pura provocación. Al recorrerla el sentido fue apareciendo: oficios, cuerpos, culturas, amores. El texto del autor cierra y completa la propuesta:  “Estas son fotografías de gente verdadera y la exhibición franca de sus cuerpos no es más que una manera de desnudar aún más sus verdades. Las propias y las de su entorno. En el modo de exponerse frente a la cámara están su historia, sus temores, sus anhelos, y en el paisaje que aparece detrás, la otra mitad de sus vidas”. Si van a ver la muestra de ARGRA no dejen de pasar por “Desnudos Sudamericanos”.

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By Marcos Zimmermann en Desnudos Sudamericanos.

“Es bien sabido por mujeres con sentido común, preparadas, inteligentes que la visita a nuestra ginecóloga/o debe ser el espacio para poder sentirnos cómodas, poder deshacernos de dudas, aún de aquellas que quizás nos pueden parecer difíciles de hablar con alguien que no pertenezca al círculo más íntimo de afectos.

Pero no siempre se establece ese círculo de confianza. No siempre somos bien aconsejadas. No nos han cuidado lo suficiente. No nos han ayudado a vivir nuestra vida sexual bien informadas y en forma plena.

Por esto y por todas las veces en las que hemos sido víctimas de maltratos diversos va este post, escrito en colaboración con Carla York, acerca de un caso 100% real que le pasó a una amiga.

Hace 4 años que Polly va a su ginecóloga. Ella es, además, obstetra, y  Polly la eligió también por eso,  teniendo en cuenta su gran deseo de ser madre en el futuro. Recomendada ampliamente por su grupo de conocidas de Barrio Norte ella seleccionó una doctora mujer con quien anhelaba establecer lazos de confianza duraderos.

Cuando la conoció, Polly había concluído recientemente una triste historia con un andaluz, breve, intensa y que le dejó muchas cicatrices. Antes de él, Polly creía en el amor para toda la vida, en casarse de blanco, había tenido pocas parejas y de largos años. Nunca se había atrevido al sexo casual  y pensaba que, a diferencia de sus amigas, ella no podía tener sexo con hombres que no fueran su pareja.

Pero el español se llevó a su tierra natal mucho más que la ropa y algunos souvenirs locales. Con él se fue también parte de la creencia de Polly en el amor para toda la vida y la fe en la posibilidad de materializar sus sueños infantiles color de rosa.

 En vías de superar esta historia, Polly descubrió durante su chequeo anual que el andaluz había dejado en ella más que heridas: tuvo que comenzar tratamientos para curar ciertas afecciones orgánicas de tipo microbiológicas. De repente se vio, en el medio del duelo, tomando óvulos, pastillas y demases”.

Sigue en Le pasó a una amiga.  

chicasofa