Velocidades
Vivimos una clínica de arte
(y sobrevivimos para contarlo)
¿Cómo pensar el arte entre artistas? ¿Hay que volver sobre el producto? ¿Se trata de ir hacia algún lado? Fabián Burgos nos invitó a compartir las clínicas que organiza en su casa taller de Villa Mitre.
Va cayendo gente al baile. Burgos toma la posta pero el juego está repartido. Podría pensarse que el protagonista es el trabajo que muestra hoy Elisa. Pero no. Ella sólo mueve las fichas: pasa las fotos en la computadora, dejar ver sus dibujos, escucha y responde las preguntas de sus compañeros, se sienta y piensa, hace silencio. Porque el final del juego no está marcado, porque el juego consiste en perderse en el proceso de reflexión, no en llegar a algún lado.
La propuesta
“No funciona como un curso porque no hay una consigna de progreso, no hay nada lineal que vaya para delante. Quizás en el desarrollo de los trabajos individuales sí puede haber un crecimiento. En parte, claro que se trata de acompañar ese proceso individual de diferentes miradas para que la obra se fortalezca”, define Fabián Burgos y diferencia los distintos aspectos de la clínica. Desde hace ya cuatro años genera estos espacios que se enfocan en ese acompañamiento. Sin embargo, queda claro que no se trata de indicar el camino. Más bien todos los que eligen asistir se proponen pensar juntos, intercambiar ideas y generar pensamientos nuevos.
“El artista o estudiante puede desarrollarse sin necesidad de ir a una clínica -aclara el artista- pero mi experiencia, tanto dándolas y siendo participante de ellas, es que compartir lo que uno hace beneficia la amplitud de criterios y desbloquea muchos prejuicios”. Por si hiciera falta, Burgos encuentra más aspectos positivos: “Además estimo que se gana tiempo. Uno solo muchas veces se enrosca en una obsesión que lo puede encerrar. En las clínicas no hay tiempo para eso. Además incentiva el trabajo. ¡Parece como un compuesto vitamínico con ginsen!”, bromea, aunque satisfecho con su definición.
Por más que en principio uno imagine lo contrario, las clínicas no son exclusivas para artistas. Fabián considera que la amplitud beneficia la dinámica de grupo y el aprendizaje. “Han venido profesionales de otras materias -como psicólogos, médicos, y abogados- que buscan entender algo más de arte contemporáneo”. También asistieron coleccionistas o profesores de historia del arte. Aunque en un momento pensó que lo mejor era tener un nivel parejo para que todos se pudieran entender y comprender de lo que se hablaba, luego descubrió que “aún el que no tuvo ninguna experiencia antes aporta desde su lugar siempre con algo”.
El debate
Son más de veinte personas las que están reunidas en el cuarto, que es amplio y luminoso. Afuera hace frío y ya está oscureciendo. Adentro comienza el diálogo. Burgos toma la posta una vez más: “Cuando empezaste a mostrar la primera serie –le dice a Elisa- tenia un montón de cosas para hablar. Pero hiciste una ramificación en mi cabeza como en los dibujos. Toda esta mezcla es parte de tu trabajo. Tengo una necesidad de ver una edición de todo, pero creo que es un pensamiento vulgar a partir de tu trabajo pretender editarlo”. Esa frase da pie a que otros asistentes retruquen: “No sé cómo puede generar que puedas saltar a algo y después volver atrás como si no hubieses hecho nada” o “No me alcanza con ver las fotos en las computadora. Tendrías que ir a la par de tu percepción, en cuanto a lo que puedas provocar espacialmente. Tenés que ocupar más el espacio”.
El debate gira, entonces, alrededor del trabajo de Elisa: ¿debería ella enfocarse en algún aspecto de su obra o tan sólo dejarse fluir? Muchos coinciden en la necesidad de detenerse. “Veo que en cada situación dejás afuera todo lo demás. Dejarte ir también puede hacerte perder recursos en cada situación, que no puedas trasladar las experiencias de un lado a otro”, analiza alguien”. Otro se suma: “Me da la sensación de que falta permanecer en las cosas pero desde el trabajo, no desde la distancia, desde el hacer”. “Me parece que ella está dispersa”, determina alguien. Y Fabián, como si estuviese parado en la vereda de enfrente del debate, lanza: “Yo no veo dispersión. Veo que la escupida está presta porque hay una concentración justamente”.
La escupida
El objetivo de la clínica, su fin y causa fue una pregunta que surgió en un momento de la discusión. ¿Para qué hago esto? ¿Me sirve? “La clínica implica detenerse un tiempo en un lugar para pensar las cosas con las que se trabaja. Ver qué hay ahí, identificar”, reflexionó Mauro. A lo que Fabián, sin medias tintas, respondió: “Hay una idea que no está todavía y no sé si tiene que ver con autoanalizarse. En este caso aprobaría la pérdida de conciencia en el análisis de la obra para poder llegar a algo”.
“¿Esto sería una idea flotante? Entonces todos decimos lo mismo; que tiene que seguir trabajando”, pensó alguien. Y, así, vino la gran frase de la noche, la que lanzó Burgos, el gestor de los encuentros: “No creo en la obra que se hace por desarrollarse. No se trata de una constante en el trabajo. No por hacer el millón va a aparecer. La obra de arte puede ser un accidente, una escupida, salió”. La sala quedó, por un momento, en pleno silencio. Luego, el debate siguió: “Está bueno que hablamos de todo en general, porque la cosa de fondo es muy fuerte”, resumió uno y muchos coincidieron. “Sería interesante para ella estar atenta a lo que se dijo”, se reflexionó. Por si aún hiciera falta, llegó la aclaración final del hacedor de Velocidad (ver “Quién es”): “La instancia de clínica no necesariamente es para sacar cosas en claro, es para confundirte más y llegar como a alguna herida”. No es un grupo de estudios, no es una terapia grupal. Es una clínica de arte. Adrenalina pura. Vorágine mental.
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A 15 años de AMIA
“Todavía quedan muchos a los que no les importa y a otros les sucedieron otras desgracias”
Cómo sobreponerse al dolor frente al asesinato de un ser querido. Conversamos con la madre de una víctima del atentado, quien aún reclama memoria y justicia.
Hay tres aspectos que salen a la luz después de conversar un rato con ella: Sofía Kaplinsky Guterman es una mujer con carácter, con fuerza y con ideales. Fue, seguramente, esa personalidad la que la ayudó a seguir adelante después de perder a su única hija e incluso convertirse en un referente para los familiares de las víctimas de AMIA.
Desde hace años dicta charlas abiertas y gratuitas para mantener vivo el recuerdo y reflexionar sobre la tragedia. También sigue de cerca la causa judicial como querellante independiente. Aún cuando las anécdotas reviven los sentimientos y aflora el desconsuelo, aunque al recordar a Andrea sus ojos se llenen de lágrimas; sus cinco libros editados y ese andar sin pausa demuestran que no se dejó abatir por el dolor.
- ¿Cómo hiciste para seguir después del atentado?
No es fácil seguir. Yo en realidad no quería seguir.
- ¿Siempre estuviste vinculada con la colectividad?
Vengo de Moisés Ville, en la provincia de Santa Fe, un pueblo con tradiciones donde mamé el judaísmo. Hasta los criollos hablaban el idish. Siempre fui judía. Defiendo mucho las raíces de mis padres, que tuvieron que venir a este país escapando del nazismo.
- ¿A partir del atentado entraste en una crisis de fe?
Sí, tenía un conflicto interno. Decía “por qué Dios permitió que esa camioneta llegara a destino”. Pero Dios no está en esas cosas, son cosas de los humanos. En un mundo aparentemente civilizado, donde el hombre es depredador del hombre, no sabe convivir.
- ¿Creés que en la sociedad está presente la memoria por el atentado?
La sociedad se acuerda una vez al año, nosotros vivimos con eso cada segundo de nuestras vidas. Pero es un logro que, con el pasar del tiempo, se acuerden esa vez y que las nuevas generaciones vayan empujando con el tema. La única forma de asegurar a las personas es luchar contra el terrorismo y eso tendrían que hacerlo los gobiernos. Si hubiesen tomado medidas cuando fue el atentado a la Embajada de Israel no hubiese sucedido el atentado a la AMIA. El común denominador es la impunidad.
- ¿Percibís aún mucho antisemitismo?
No creo que todo el país sea antisemita. Pero no nos olvidemos de que acá vinieron muchos nazis, que formaron familias y que se reprodujeron. Como la yerba mala, siguen creciendo y se van inculcando sus ideales. El que paga el pato es el judío o el negro. Acá, en la misma sociedad, todavía hay muchos que no distinguen entre ruso y judío. Una vez en una charla en La Plata un muchacho católico vino a pedirme perdón, porque el tentado los puso contentos a él y a los amigos.
- ¿Qué le respondiste?
Le dije que yo no soy quién para perdonar. A mi me pone feliz que él haya recapacitado, que si va a vivir sin veneno él va a tener una vida mejor, y que cuando termine de destilar todo el veneno que le inculcaron en la casa se va a dar cuenta de que todos somos iguales.
- ¿En algún momento tuviste miedo?
No creo que ningún familiar tenga miedo. Haber tenido que aceptar el asesinato de un ser querido te hace tirar la toalla. ¿Qué nos pueden hacer peor? ¿La muerte? Se nos acaban los problemas. A veces comentamos que manera de cambiarnos la vida: de dedicarnos cada uno la función que cumplíamos en la vida, pasamos a ser peleadores, a perseguir funcionarios, a seguir de cerca investigaciones; al mismo tiempo recordando, dando charlas, escribiendo. Quince años de una vida dedicada a las consecuencias del atentado.
- ¿Qué consejos le darías a alguien que perdió un hijo o que vive una tragedia?
Nos es que el dolor se va, sino que aprendemos a vivir con él. Está el solo, pero para nosotros no es el mismo sol, y la flor no es la misma flor. Nos pasó algo que nos mutiló y nos destiñó por dentro. Pero hay que seguir viviendo. Le diría a todo aquel que pierde un hijo que si les tocó el don de quedar vivos, que sigan adelante en memoria de su hijo, por todo lo que no pudo vivir. Recuerdo a mi hija cada segundo. Éramos tan unidas las dos. La tengo tan incorporada que muchas veces me pongo algo nuevo, o me cambio el peinado que le pregunto frente a la foto “¿qué te parece Andrea?”.
Cómo es la vida después de la muerte
Preguntas incoherentes, ideas construidas desde la ignorancia. Sofía se sorprendió de los planteos que encontraba a su alrededor y decidió tomar la posta. “Acá, dije, hay que mentalizar que esto pasó, porque atacaron una sede de nuestro país y podrían haber atacado cualquier otro lugar”, recuerda. Cuenta que primero empezó dando charlas a gente adulta y después a jóvenes y niños. Conseguir que le abrieran la puerta de lugares no judíos fue más difícil, pero lo consiguió.
- ¿Cuál es la devolución?
Para mi es muy desgastante. No es fácil pararse a hablar sin llorar de lo que a uno le duele tanto. Igual siento que hago un trabajo, es el granito que puedo aportar. La juventud necesita que se la eduque, porque es por ellos mismos. Noto que a muchos jóvenes de la colectividad judía y no judía los toca el “me podría haber pasado a mi”. Todavía quedan muchos a los que no les importa y a otros les sucedieron otras desgracias que los llevaron a otros dolores. Hay que ver cuánta gente reclamando justicia y no llega.
- ¿Te sorprendiste de vos misma?
Cada uno vive el duelo a su manera. Mi marido siente la pérdida de su hija, la siente la llora y me acompaña pero él no hace ningún tipo de trabajo. Yo se lo respeto. Si tomamos la manija es porque no queremos que esto quede sin castigo. Si uno no querella es imposible.
- ¿Por qué decidiste abrirte de los grupos que nuclean a los familiares?
Tuve mucho protagonista durante nueve años. Me retiré, porque no me parecía bien darles un lugar a los políticos y que se promocionen políticamente a costa de nuestros muertos. Yo quiero que no se olvide y que se investigue hasta las últimas consecuencias para que se castigue a los asesinos. No me quiero politizar, no voy a correr detrás de ninguno que tenga un papel preponderante. Acá se trata de pelearla por los que no tienen el coraje de trabajar y por los que ya fallecieron. Pobre de aquel que crea que se convierte en alguien importante para firmar autógrafos.

Entrevista a Sergio Langer
“Siempre me gustó el costado más guerrillero del arte”
Desde dónde y con qué herramientas hacer hoy humor gráfico. El artista recibió a Zona 11 en su casa-estudio para conversar sobre la necesidad de reflexionar en una sociedad que considera “cada vez más intoxicada”.
La revista Barcelona se ríe del diario Clarín y Segio Langer, nadando entre esas dos aguas, hace una crítica de la clase media argentina. Se recibió como arquitecto pero siempre le gustó dibujar. “Si a través del dibujo podía transmitir todas las cosas que me parecía que estaban en desequilibrio, bingo. Así resuelvo mi vida personal”, explica el hacedor de “Nelly”, la principal tira de humor político de “el gran diario argentino”.
La casa frente al Club Comunicaciones es luminosa y hay unos sillones grandes y cómodos. Él elige un banquito de madera. El asiento es chico pero lo que tiene para decir es mucho. Aunque se ría de sí mismo (“Poné Langer no podía articular una sola idea”), el humorista gráfico hila conceptos y las opiniones fluyen con su pensamiento. Quizás en el asumirse confuso sea más claro y sincero que cualquier otro.
- ¿Qué temas te interesa abordar?
El humor negro, la sátira social. Siempre manejé la burla con denuncia social con el grotesco. De repente en Barcelona me sacó las ganas de tocar temas que me preocupan pero con una estética que me gusta. Mama Pierri es un personaje duro, ligado a lo ideológico, es una vieja fachista que parece anacrónica. Para bien o para mal, trabajo en un lugar que es el stablishment y en otro que se burla de eso. Es contradictorio pero para mi no, porque digo todo lo que tengo ganas de decir en Barcelona y en Clarín no toco algunos temas porque sé cuáles son las reglas del multimedio. Con Rubén Mira pensamos una historieta para salir en Clarín.
- ¿Qué pensaron?
La consigna era que tenía que ser para toda la familia. La religión, el sexo y las drogas no eran temas que se podían tratar así nomás. Es la tira política que tiene el diario. Es raro: Clarín es el inconsciente colectivo de la clase media, es un paradigma, y si hay algo que hice siempre es burlarme de la clase media.
- ¿Qué criticás de la clase media?
El egoísmo, la falta de solidaridad, la preocupación por lo que le pasa a ella como clase. El tipo que ve a Tinelli, que pide seguridad, que mira todos los noticieros. Igual tiene muchos matices. Nelly es una excusa, nosotros hacemos política. Ahora creamos un personaje que es “Paco, el cana emo”, que mientras chatea con Nelly le afanan a ella en la casa.
- ¿Te ponés límites?
Sí, todo el tiempo. A mi me gusta provocar pero dentro de una estética que tenga una fuerza. No vale todo, no es una cosa adolescente.
- ¿Cómo te das cuenta?
Por el ejercicio.
- ¿Alguna vez alguien se sintió ofendido?
Hace poco me acusaron de antisemita a raíz de una contratapa de Clarín. Al ser judío tengo cierta impunidad pero la historieta tiene códigos que no le son familiares a todos. Me hago cargo de eso pero no de que me acusen de antisemita. Si yo soy antisemita que le queda a los verdaderos. Es un delirio. En ese caso el problema es del otro, que es un intolerante y necesita tener la figura de antisemitismo para sentir que como judío tiene una identidad. Yo me siento muy judío pero no estoy paranoico buscando antisemitas.
- A la vez, al volver a traer el tema lo ponés en tapa.
Tal cual, es una manera de rescatarlo con otro lenguaje. El tema judío me preocupa por mi historia. Mi vieja era sobreviviente de un campo de concentración, fui a escuelas judías. Siempre me moví en un mundo judío pero laico. Creo que más allá de lo que significa el Holocausto, a mi me marcó. Puedo catalizar eso a través de la historieta. Igual después de esto me invitaron a una charla de Israel en la Feria del Libro. No tengo una posición cristalizada. Me siento judío y estoy muy impregnado. A la vez estoy haciendo una tira re porteña como “Nelly”, mis hermanos y yo armamos parejas mixtas. Lo judío que hay en mi lo tengo como algo natural pero no institucionalizado y eso te hace más universal.
- ¿Tuviste alguna otra crítica como esta?
Otra vez me acusaron de tirarme contra la Iglesia. No tengo ningún reparo en tirarme contra la Iglesia. Me parecen instituciones de control social horribles. La gente está cada vez más embrutecida, muy intoxicada. Hay poco debate y reflexión. Después de tantos años de dibujar, entiendo que si alguien ve algo que no le gusta en mi laburo se equivocó, agarró la revista que no era lo que buscaba. Hay gente que no tolera tanta burla.
Crecer sin resignar
De chico Langer copiaba a Quino, a Caloi y a Fontanarrosa. En 1979 publicó su primer dibujo. Años más tarde se dio el gusto de editar la revista Lápiz Japonés. “Trabajaban 40 personas –cuenta- pero nadie cobraba nada. Nos faltó la pata comercial. Hicimos tres números. Era como un LP”. Para el próximo año tiene proyectos con distintas editoriales para que salgan libros sobre tres de sus historietas: “Clase media”, “Mamá Pierri” y “Nelly”.
-Tus personajes ya tienen vida propia.
Está bueno cuando uno puede crear una estética, sacar los monstruos que tenés adentro te garantiza una solidez. En mi caso son varios que van redondeando algo. De eso me estoy dando cuenta ahora, y lo valoro y lo aprecio. Nunca especulé, se fue dando.
-¿Qué te parece el humor gráfico que se hace actualmente?
Acá hay mucha tradición de dibujantes y humoristas pero no sé si es el mejor momento. Lo que veo no termina de convencerme. Yo busco que esté en mi sintonía, que sea zarpado, que estéticamente proponga algo. Noto una cosa muy light.
- ¿Puede haber una autocensura?
Los grandes medios son grandes empresas donde no se puede hacer un humor irreverente. Incluso me cuestiono si mi tira en Clarín corre límites: como trabajamos en línea de la clase media tipo hay actitudes muy autoritarias. Este país tiene una tradición de dibujantes pero comparada con la época de los 70, cuando hubo una explosión, no veo una renovación importante. Creo que falta gente que toque más el tema político y social. Entiendo que tampoco hay muchos medios para publicar.
- ¿Lo que hacen Rep y Liniers va por otra línea?
Es otro registro. Rep es contemporáneo mío, tiene la cosa más Página 12, asociado a lo progre. Yo nunca estuve navegando por esas aguas. La formula de los dos tipitos hablando no garantiza una estética ni un mundo por sí solo, por eso tampoco me remitiría al humor gráfico como un campo con sus representantes ni me gusta que me encasillen. Parezco una vedette.
- ¿Cómo te definirías?
Soy un dibujante, un artista gráfico. Me gusta el dibujo, la historieta, la autoedición. Conozco a muchos dibujantes que hacen sus propias publicaciones. A mí siempre me gustó el costado más guerrillero del arte, aún estando en Clarín, que la fantasía es que uno llegó al top ten.
- O que te aburguesaste
No, siempre fui un burgués. Me gusta comer bien, pero quisiera que todos coman bien. Sin embargo, sigo laburando en Barcelona y en fanscines que me invitan amigos. Busco que mi trabajo exprese además de un texto una propuesta gráfica. Igual no hice ni un esbozo de lo que podría dibujar, porque me parece que tengo todavía mucho por recorrer.
Los mitos de la sexualidad
Entrevista a Juan Carlos Kusnetzoff
por A. U y M. S., febrero de 2009
¿Estamos los jóvenes bien informados respecto al sexo? ¿Las prácticas se orientan a partir de conocimientos apropiados? ¿La sexualidad humana sigue estando atravesada por antiguos mitos?
Hay que hablar de sexo. Hay que conocer e intentar esclarecer todas las dudas sobre el tema. Para explorar es fundamental tener cierta información básica: circulan muchos mitos que deben ser erradicados y nunca viene mal saber algo más.
Para abordar el tema con seriedad, Opinión Sur Joven consultó a un experto. ¿A quién acudiría un joven en caso de tener dudas?. Así surgió el nombre del sexólogo argentino Juan Carlos Kusnetzoff. El “Doctor K” –como es conocido en el programa radial “Perros de la calle”, donde responde las inquietudes de los oyentes- recibió a Opinión Sur Joven en su consultorio. En la charla, surgieron preguntas, dudas, anécdotas y datos en relación al sexo. Porque a eso fuimos, a hablar de sexo.
De mitos y realidades
“De cinco consultas, tres son por radio o Internet y dos son personalmente en el consultorio particular o en el hospital”, dice Kusnetzoff, que, como reconocido especialista en el tema, decidió incursionar en los medios para responder a la incertidumbre o esclarecer conceptos. Hoy es una figura conocida y consultada continuamente.
-¿Sobre qué temas recibe más consultas?
-La gente pregunta por problemas masculinos y femeninos. Los hombres por problemas de erección, eyaculatorios. Las mujeres mayormente sobre el deseo sexual, el vaginismo y por dolor a la penetración. A veces consultan en pareja, pero en general son individuales.
-¿Cuántos de esos son jóvenes?
-Depende del problema. Los jóvenes suelen consultar en el 80% de los casos sobre eyaculación precoz. Los problemas de erección van predominando a medida que crece la edad.
-¿Qué tabúes y mitos existen hoy respecto al sexo?
Muchos menos que antes. Hace 35 años, cuando me inicié en esto, todo era tabú, todo era raro. Se sabía que había problemas pero muy pocos consultaban. Hoy estamos en la versión opuesta de eso. Los medios, particularmente la televisión, contribuyeron a la apertura neuronal de la población. Sigue habiendo bolsones epidemiológicamente difíciles de consultar y los que se favorecen son las farmacias, que venden productos ante la primera demanda de los pacientes.
-¿Cuán real es la práctica entre los jóvenes de consumir Viagra?
-Puede ser verdad pero no hay cifras en la Argentina de consumos de los jóvenes. Cuando el periodismo dice que “los jóvenes consumen” está contribuyendo al consumo.
-¿Es recomendable que no se consuma?
-Por supuesto. Pero el tema es que si el joven consume y mejora su performance es porque tenía un problema y no lo sabía. La medicación aparece en ese caso como “una prueba diagnóstica”. El medicamento no actúa si no hay un problema.
-¿Que otro mito circula con fuerza hoy en día?
-Lo que me causa escozor son las consultas de los hombres por el tamaño del pene. Dicen tener el pene pequeño en flacidez y eso les inhibe a no ir a un vestuario. Como si uno fuera al club para ver que se esconde detrás de cada toalla. Esto forma parte del sufrimiento de muchos jóvenes. Si no entran en un vestuario me duele pero no me preocupa demasiado. El tema es que existen avisos en los diarios de gente profesional que especula con esa angustia y que dicen que agrandan. No agrandan nada. La operación quirúrgica corta el ligamento suspensorio, y a la vista parece que alargan el pito pero después nunca más se puede reponer la angulación. Entonces en flacidez pareciera que se alarga. Después hay problemas, porque el ligamento está para permitir determinada articulación funcional.
-Otro tema recurrente en la juventud suele ser el debut sexual. ¿Cómo se concibe hoy la virginidad?
-Es otro de los mitos que rodea la sexualidad. Hoy la virginidad no es como en la Edad Media, donde los parientes se reunían para exhibir la sábana manchada de sangre. Las chicas y los muchachos tienen prácticas sexuales a los 15 años, andan a caballo y bicicleta, y la rajadura del himen no tiene importancia. Hay bolsones de gente que, adherida a creencias confesionales, no quiere tener relaciones sexuales con penetración hasta después de casada. Allá ellos con sus creencias. En general un porcentaje importante de esas personas luego se atienden con un sexólogo clínico, porque la experiencia de años de noviazgo sin penetración, y con montón de prácticas al respecto, expone a la pareja a la inexperiencia y hay problemas (como trastornos del orgasmo y de la eyaculación).
De hombres y mujeres
“Muchas mujeres creen que la vida sexual tiene que ver con el amor. Lo ideal es mezclarlo”, observa Kusnetzoff. Sin embargo aclara que “los sentimientos maduros no se tienen a los 15 años, edad promedio en la que los jóvenes argentinos tienen su primera experiencia sexual. A los 25, a los 30 años esos jóvenes ya tuvieron suficientes experiencias de tipo sexual”.
-¿No habría entonces una corriente erótica en el hombre y una corriente tierna en la mujer a las que hace referencia Sigmund Freud en “Sobre la más generalizada degradación de la vida amorosa”?
-¿Con quiénes tienen relaciones los hombres? Con mujeres. Entonces a esas mujeres les pasa lo mismo que a los varones. También Freud decía que las mujeres que tenían orgasmos clitoridianos y no por penetración eran inmaduras. Son todas macanas. Hoy se sabe que el clítoris es el único órgano destinado al placer. El pene está destinado al placer, a la orina, al semen. La vagina no tiene terminaciones nerviosas, todo lo que “siente” se lo “presta” el clítoris.
-¿Están más aceptadas actualmente las experiencias bisexuales?
-Sí, ni pensar. También los tríos o swingers. Hay lugares destinados a eso.
-¿Se supone que a cierta edad tiene que haber una definición sobre la orientación sexual?
-No. ¿Qué significa definir? Hay una elección voluntaria hasta cierto punto. Hay cuestiones culturales, de las épocas, de determinados grupos. Pienso que la definición de los vínculos sexuales se resuelve fácilmente: tenemos que decir con quién dormimos, con quién nos franeleamos; no las prácticas particulares.
-Si un hombre casado, que tiene prácticas heterosexuales tiene algún contacto con un travesti, ¿se lo consideraría homosexual?
-Es un pensamiento en espectro. Un hombre porque tiene una relación con una mujer y las últimas dos veces tuvo falta de erección, ¿es impotente? No, porque el problema debe ser reiterado y persistente. Hay que ver cuánto hace que tiene el problema, con qué frecuencia tiene relaciones sexuales. Entonces, un hombre casado, que tiene relaciones con su mujer, un día se va de juerga y encuentra un travesti y tiene relaciones con él. ¿Es homosexual por eso? No, le cabe las generalidades de la ley: la conducta debe ser reiterada y persistente.
-Suena lógico, pero no debe ser lo mismo entenderlo desde “las generales de la ley” que a partir de una experiencia personal.
-Hay que comprender que el ano no es igual a homosexualidad, sino que es una zona erógena como cualquier otra. Muy diferente es que tu pareja diga “me gustaría invitar a Juancito a compartir la cama”. Habitualmente una persona heterosexual invita a una mujer. Si invita a un hombre lo primero que voy a suponer es que quiere tener una relación de tipo homosexual.
-¿El travestismo puede calificarse como un problema?
-Claro, no se llega a desarrollar la definición. La identidad es una convicción, una creencia de fuerte emocionalidad, que rige los destinos de mi orientación. Desde mi identidad de hombre puedo orientarme a otro hombre y ser homosexual o hacia una mujer y ser heterosexual. Una cosa es el color de la camiseta que tengo y otra hacia quién me dirijo. Los travestis a los que todo el mundo tiene acceso son prostitutos hombres y sus clientes son unos hombres que también tienen problemas, ya que se engañan teniendo relaciones homosexuales porque les gusta el disfraz.
-¿El crossdresser entraría dentro de la categoría del fetichismo?
-Es alguien que pasa de una categoría a otra con mucha facilidad. Hay un espectro enorme de objetos fetichistas. Uno de ellos es usar ropa del sexo opuesto. El travestismo se llama el fetichismo de las ropas del sexo opuesto. Hay otros que son fetichistas del oído. (Para más información sobre crossdresser ver este artículo de Opinión Sur Joven)
De informaciones desencontradas
Cuando se menciona a la Iglesia el doctor K utiliza la expresión “terrorismo ideológico”. ¿Por qué? “La palabra aborto paraliza. Pero algún día se va a aprobar. Es lo mismo que el divorcio”, explica.
-¿Faltan campañas de prevención?
-Tenemos campañas pero nunca es suficiente, porque se trata de un problema educacional. Lo pacientes son víctimas del analfabetismo. Lo ideal es que los padres estén suficientemente informados, inclusive para decir “no sé”. Que puedan asesorar a los hijos. Se evitarían muchos dramas posteriores.
-Y atraviesa todas las clases sociales
-Todas. Las clases medias y altas tienen acceso a libros y alardean que saben pero los mitos campean en todos lados. Atraviesa todas las edades y clases sociales.
-¿Qué país está más avanzado respecto a la educación sexual?
-En Suecia las muñecas Barbie vienen con un set que, desde hace unos años, incluye un preservativo. Esas nenas, que a los seis años tienen esa cajita, a los 15 ya no se van a sorprender y van a saber que el varón tiene que usarlo. Ese ejemplo demuestra que algunos países nórdicos están recontra preparados.
-¿A esa edad están en condiciones de recibir este tipo de información?
-Hay que prepararlos si queremos luchar contra las enfermedades de transmisión sexual. Todavía hay mucho para hacer.
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“Estoy en terapia todo el tiempo”
A mi déjenme ese sillón”, enuncia Tato Pavlovsky. Y desde ahí, desde el living de su casa pero, más aún, desde su propia interioridad, se dispone a contar cómo se convirtió en un referente del psicodrama, una rama de la psicoterapia que usa lo dramático como eje de acción y que él califica como “marginal, por fuera de las grandes organizaciones”.El autor y actor hace memoria y recuerda que luego de recibirse de médico, con sólo 22 años, ingresó a la Asociación Psicoanalítica Argentina. Luego comenzó, casi por intuición, a hacer psicodrama. “Soy el único analista que dejó la terapia tradicional para hacer nada más que grupo, porque me interesaba mucho más lo grupal como máquina transformadora de lo individual”, cuenta. Y, tras una breve pausa, afirma: “Sinceramente, la causa por la que trabajo es porque me divierte muchísimo, me da sentido, me curo con lo grupal”.
Conociendo la disciplina por un experto
Todo un lujo, casi una clase magistral, entender de qué hablamos cuando hablamos de psicodrama en palabras de Pavlovsky.
-¿Cualquiera puede hacer psicodrama?
-En general es grupal. Entonces, la pregunta sería si cualquiera puede hacer grupo. Depende mucho del diagnóstico psicopatológico.
-¿Y cualquiera puede hacer grupo?
-No, una persona muy deprimida no puede hacer grupo. Tampoco alguien que sufra un estado confusional serio -que no distinga pasado y presente- ni un psicópata.
-¿Es condición haber hecho análisis individual antes de hacer grupo?
-De ninguna manera, aunque da la casualidad que a mí me vienen a ver con muchos años de análisis. Yo no pienso que la psicoterapia de grupo sea el tratamiento ideal. Si viene una persona muy deprimida hay que medicarla. En un grupo la gente tiene que tener ciertas necesidades un poco colmadas. No pueden venir a contarme la historia, porque no es psicoanálisis. La historia se las robo para grupalizarla.
-¿Qué se mueve al grupalizar las historias?
-Es muy importante en el grupo y en la vida la consonancia: la capacidad que uno tiene de poder identificarse con los momentos del otro. Algunas personas tienen una consonancia bárbara; están, como yo, en terapia todo el tiempo, sensibilizados a las problemáticas de los demás. La importancia es el psicodrama dentro de lo grupal.
-¿El psicodrama no es lo grupal?
-No, lo grupal se puede hacer sin psicodrama. Yo trato de que la problemática pase al grupo y que ahí se deforme. Una capacidad importante del grupo es la diversidad de sentido: vos contás tu historia, lagrimeás y alguien te dice “que aburrido que es esto”, otro señala “a mí me producís una peeena”. Así, empezás a ver la cantidad de respuestas que hay. Uno tiene una historia mononuclear y la historia psicoanalítica al lado, que es la explicación. En el grupo eso se deforma. Me interesa también cómo la gente reacciona con lo que se habla.
-¿Cómo se van los pacientes después de una sesión (duran poco más de dos horas)?
-Hay una mala interpretación de que hay que irse cerrado. La elaboración no es tanto poner en palabras lo que te pasó a vos, sino llevarse el impacto emocional y que se vaya trabajando solo. Tampoco es que no vuelven más. Mis grupos son largos, pueden durar desde dos años hasta unos seis.
-¿Hay confidencialidad?
-Tiene un cierto encuadre de seguridad de que lo que pasa en el grupo no debe decirse. Siempre va a haber cierto comentario pero yo no he tenido problemas. El mismo grupo impone respeto: yo no quiero que hablen, por eso no hablo.
Especificando conceptos, criterios e intenciones
En los dos institutos que tiene Pavlovsky se ofrece formación en psicodrama y cuenta que ve gente joven con mucho interés en la disciplina. También entiende que puede funcionar como una terapia muy útil en esa etapa de la vida. “La psicoterapia de grupos de adolescentes es extraordinaria. Tanto por el material -la sexualidad, la vida, la muerte, los juegos, las relaciones- como por la capacidad de cambio que puede haber”, analiza. Y se detiene para observar: “Hay un desarrollo en Argentina de la niñez y de la adolescencia bastante poco explorado y es importante”.
-¿Por qué alguien elegiría hacer psicodrama en vez de ir a una terapia tradicional?
-Tiene que ver con la influencia enorme que ha tenido el psicoanálisis en Argentina. Este es el país donde la gente se ha analizado, probablemente, más horas en el mundo. En Francia alguien que está tomando el te no dice “me voy al analista”. Ahí es una cosa muy secreta, mientras que acá eso es muy común. Incluso la terapia se toma como un baluarte de enriquecimiento personal.
-Pareciera una propuesta que intenta volver al vínculo, al diálogo, al contacto; en contraposición a la impersonalidad que se vive hoy en las sociedades.
-En una sociedad individualista hay mucha gente que valora estar en los grupos concretamente por el espacio confiable para dialogar.
-¿Por qué aclara que no es arteterapista?
-El psicodrama forma parte del arteterapia pero tenemos que entender primero qué es arte, qué es desbloqueo de intensidades. Quienes estudian arteterapia tienen otras concepciones, aunque podrían nombrarme. Creo que soy un gran creador de dispositivos grupales. Yo invento cosas; por qué, no sé. Pero es buenísimo no tener los mecanismos de la vida de uno tan claros, porque si no uno se vuelve un robot psicoanalítico. Y ése es el otro peligro.
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Una marca
Los inicios, la evolución y el hoy del grupo La Banda de la Risa.
Claudio Gallardou, uno de los históricos, nos recibió para hacer juntos ese repaso.
Con respeto, con amor y con humor: esa es la manera en que La Banda de la Risa decidió abordar en 1985 el teatro. “Sin ninguna duda el surgimiento tuvo que ver con el momento histórico. Cuando hubo libertad de acción empezamos a elegir las formas y los modos. Descubrimos que el clown era una de las estéticas que nos representaba en ese momento. La idea era salir a la calle a hacer rutinas de circo”, explica Claudio Gallardou, actor, director y uno de los fundadores del grupo que aún se mantiene activo y con proyectos. “Fuimos precursores de un nuevo teatro. Hoy hay muchos actores que hacen estéticas circenses”, reconoce con orgullo, desde su escritorio de Subdirector del Teatro Nacional Cervantes, el mismo lugar en el que La Banda hizo su primer espectáculo teatral.
El grupo se formó por afinidad y por un mismo sentido de búsqueda. “Teníamos como meta reivindicar los códigos nacionales”, explica Gallardou y enumera: “El circo criollo, el teatro gauchesco; ritmos como el candombe y la murga; personas como Niní Marshall, Luis Sandrini y Pepe Biondi”. El repertorio fue variando: de Fausto al Martín Fierro, del Arlequino a El pelele. El actor lo define como un proceso “cíclico y evolutivo”. “A medida que fuimos creciendo –analiza- necesitamos obras con un discurso más representativo de nuestra realidad. Me parece que el actor en un escenario tiene que comprometerse con un mensaje. La Banda ha ido desarrollándose hacia ahí”.
Los integrantes también rotaron según las necesidades personales y del grupo; que no fue, es ni será un elenco. Gallardou lo explica sin vueltas: “En un elenco los actores son convocados para un proyecto comercial, sin importar las escuelas a las que pertenezcan ni algunos detalles sobre gustos personales. En un grupo hay un imaginario y un objetivo común. Todos aportan, discuten y elijen los caminos a seguir”. Por La Banda pasaron Maximiliano Paz, Paola Krum, Pablo Echarri, Marcos Gómez, Cristina Fridman y Diana Lamas, entre otros. La gente se acercaba por una afinidad tanto afectiva como artística. “Una de las particularidades destacables –subraya su fundador- fue que cada uno tenía un virtuosismo y yo pude relevarlo a la hora de actuar”. Ya sea en el canto, la acrobacia u otra habilidad, las fortalezas indivuales conformaron una paleta rica e interesante a la hora de montar un espectáculo. El público agradecido.
“Todas las experiencias fueron exitosas. En algunas ganamos premios y plata, en otras prestigio y amigos”, evalúa Gallardou. El devenir del grupo estuvo signado por la experimentación y el afecto, pero también por los elogios y las giras. Por si hiciera falta, él lo resume en una línea: “La banda es algo muy feliz en la vida de todos los que hemos pasado por ahí”. Es por eso, y porque comparten una manera de ver el teatro, que cada tanto deciden juntarse. “La banda ya es una marca”, lanza Gallardou, a quien el público reconoce, felicita y agradece su trabajo. Con tanto elogio ajeno y satisfacción personal, la expresa intención del actor de “guardar a La Banda en una cajita y protegerla” para darse “el gusto de seguir dando espectáculos en ese marco”, no suena absurda. Por el contrario, resulta tan posible como necesaria.










3 comments
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Noviembre 13, 2008 a 2:27 pm
Lili
La entrevista a Tato Pavloski me emocionó, porque comparto muchos de sus dichos. You improve yourself every day!!!!! Felicitaciones
Junio 24, 2009 a 2:09 pm
Humor gráfico « La Primera Invitada
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Septiembre 30, 2009 a 1:16 am
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